Lo esencial de las palabras
- 9 ago 2015
- 3 min de lectura

Primero que todo nunca he terminado mi proceso de aprendizaje, pero empezaré contando mis comienzos en la lectura.
En mi casa vivían mi Papá, mi mamá, mi hermano mayor y yo. Al ser el menor, siempre fui el niño consentido y mimado de la familia, tanto así que todas las noches mi papa iba a mi cuarto a leerme cuentos pequeños hasta que me quedara dormido y a mi hermano no, aunque a Brian casi no le gustaba igual eso.
Al entrar a preescolar, la maestra siempre dibujaba símbolos los cuales no entendía en ese momento, y luego fue que comprendí que eran las letras del abecedario, y ella siempre jugaba con nosotros por medio de sonidos y gestos para que las supiéramos diferenciar y saber cuál era cual, como por ejemplo para la R cerrábamos el puño y lo movíamos como si fuéramos a andar en una moto y hacíamos el sonido con nuestra lengua, RRRUUR, aunque es la única letra que me acuerdo ahora, sé que así, me aprendí todas las demás.
Yo tuve una ventaja en mi proceso de aprendizaje de la lectura, porque yo siempre fui un niño con ganas de aprender, y me acuerdo que yo les decía a mis papás:
-¿A mí por qué no me ponen tareas y a mi hermano si?
-Porque tu hermano ya entró al colegio – respondían ellos - y en el colegio ponen tareas para repasar lo de las clases.
Así que siempre me sentaba al lado de mi hermano, con mi mamá, cuando llegaba del colegio y aprendía lo que él había visto. Cuando entré a primero, un año más tarde, ya sabía diferenciar y poder pronunciar muchas palabras, en comparación con mis compañeros. La mayoría del tiempo del recreo, me la pasaba en la biblioteca de primaria con pequeños libros ilustrados, y cuando no entendía algunas palabras, iba y le preguntaba a Ana, la bibliotecaria, y ella, muy amablemente, se tomaba su tiempo para explicarme esas palabras en pequeñas historias.

En segundo de primaria ya empezaba a leer libros un poco más larguitos como por ejemplo “La alegría de querer”, que me lo había recomendado Ana, el cual es un libro hermoso lleno de poemas. Sé que me aprendía algunos para luego decírselos a Ana, aunque a veces por los nervios me equivocaba, pero ella nunca se me burló.
Se volvió tan amiga mía, que el último día de tercero de primaria, mi directora de grupo y ella llamaron a mis papás a una reunión conmigo. Mis papás sabían perfectamente que no era para nada malo, ya que les habían explicado la razón de la reunión, pero me hicieron una pequeña broma al hacerme pensar que había hecho algo malo, con lo cual yo estaba súper asustado. Imaginen la situación: Yo, un pequeño niño de 8-9 años, “atrapado” en un salón inmenso con 4 adultos mirándome fijamente sin saber porque estábamos allí, pero ese momento de miedo se transformó en una sonrisa en mi rostro cuando vi que Ana se paró de la silla con un pequeño regalo entre sus manos y dijo:
Me siento muy orgullosa de la pasión que tiene Kevin por la lectura y quiero que siga siendo así, y por eso es que le voy a regalar este libro.
Me dió el libro y yo veía que mis papas me miraban con una felicidad en sus rostros y yo no sabía que decir, con lo cual mis papas dijeron al mismo tiempo:
Ábrelo, ábrelo.

Le quité el papel de regalo muy lentamente mientras veía la portada, lo primero que vi fue una bola gigante de color morado y luego vi que encima estaba un “niño” mono parado y alrededor había puras estrellas, hasta que ya vi el título que decía “El Principito”.Abrí el libro y vi que tenía un mensaje escrito con lapicero que decía “Nunca dejes de imaginar”.
En ese momento no entendí la principal razón del mensaje ya que estaba muy pequeño, si no hasta que pasaron 6 años, cuando estaba en noveno de bachillerato que me lo pusieron a leer, momento en el cual entendí el libro y el mensaje que ella me había dicho. Aunque mi libro favorito de los que leí en el colegio fue el perfume, el principito siempre me quedara en mi corazón con la enseñanza que me dejó.
En la universidad, las lecturas son mucho más complejas, de tipo académico, pero igual no dejo de lado mis libros favoritos como Hush Hush y la saga de los juegos del hambre. Puedo concluir que este proceso de aprendizaje en la lectura deja varias experiencias únicas e irrepetibles y lo cual es muy bonito ya que al mismo tiempo te llena de conocimiento.











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